Antecedentes Históricos

La história de la fundación del CEGE, de cualquier forma, debe remontarse a los últimos años de la década pasada, que también fueron los últimos años del siglo XX: un siglo que estamos obligados a superar en muchos sentidos, pero no sin antes haber aprendido a recuperar y valorar apropiadamente sus profundas e inquietantes enseñanzas. Sostenemos esto porque fue en aquella época cuando la Dra. Angulo Parra empezó a transmitir a algunos de sus alumnos las inquietudes filosóficas que estaban impulsando, en ese momento, sus nuevos proyectos de investigación, los cuales ya llevaban impresa la marca inconfundible e indeleble de su intempestivo reencuentro con el enfoque genealógico . El significado de esta experiencia, ella misma lo ha explicado de la siguiente manera:


«Con la caída del socialismo devino la gran desilusión, la esperanza derrumbada para quienes nos habíamos formado en el marxismo, creyendo que se trataba de la gran filosofía de nuestro tiempo. En la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM se percibía una especie de vacío que promovía la búsqueda o la reafirmación. Los acontecimientos se tradujeron en la búsqueda de nuevos horizontes y objetos de estudio diferentes, de herramientas frescas para comprender mejor nuestra sociedad, por lo que fue necesario retomar y releer autores olvidados y encontrar otros nuevos. Así llegaron filosofías, como las de Friedrich Nietzsche y Michel Foucault, con un nuevo ímpetu, cobrando una significación distinta a la de lecturas pasadas. Estos dos filósofos, reunidos con Marx en un extraño triunvirato metodológico, se convirtieron en pilares de un edificio en espera de ser construido. Finalmente, y frente a la necesidad de dar un nuevo cauce al estilo de la investigación filosófica en nuestro país, surgió un incipiente proyecto que se proponía objetivos tan inconexos y ambiciosos como poner nuestro tiempo y realidad concreta en palabras, detectar qué clase de sujetos somos, atrevernos a plantear nuevas formas de subjetividad, estudiar las relaciones de saber, de poder y de verdad, mediante una relectura de la historia de la cultura en México y América Latina» (Yolanda Angulo Parra, Testimonio sobre la fundación del CEGE.


Los resultados no tardaron en presentarse. Lo que un día comenzó como un ejercicio de generosidad y franqueza intelectual, de maestría expuesta con sencillez a la crítica y discusión de sus discípulos, pronto se convirtió en un proceso de formación que dio sus primeros frutos inmediatamente. Surgieron discusiones permanentes de todo tipo — filosóficas, antropológicas, sociológicas e históricas — y éstas, a su vez, dieron origen a un Seminario en el que un grupo de estudiantes, cada vez más constante y nutrido, con participantes de diversas escuelas y diversas edades, trataban de dirimir las cuestiones teóricas y metodológicas que iban saliendo al paso. Todo esto, por supuesto, siempre bajo la inteligente dirección de la Dra. Angulo Parra, lo cual permitió la creación de un ambiente de trabajo riguroso y exigente, en el que no faltó nunca, sin embargo, el estí mulo a la espontaneidad, al respeto, a la libertad y a la admiración recíproca.


Dicho Seminario cambiaba de temática y de bibliografía cada semestre, pero la dinámica y el enfoque metodológico se mantuvieron como columna vertebral, como eje común para todos los trabajos que se realizaban o diseñaban en él. Luego empezaron a surgir los Proyectos de Investigación y Tesis, así como los primeros esbozos de algunas de nuestras actuales Líneas y Programas de Investigación.


Pero fue entonces cuando se atravesó en nuestro proceso un acontecimiento completamente inesperado, que marcó profunda y significativamente nuestra vida y experiencia universitaria, y detuvo por algún tiempo las actividades y proyectos de nuestro Seminario: la «huelga del ’99».


Así como la caída del socialismo, la crisis del marxismo y la vieja discusión sobre si hay una auténtica filosofía latinoamericana (tema que habíamos incorporado durante la primera época del Seminario), fueron algunos de los fenómenos que inspiraron la fundación primitiva del CEGE, hoy día no entenderíamos el sentido de nuestros actuales objetivos, ni de nuestros esfuerzos por alcanzarlos, sin el proceso que desató la «huelga del ’99». Este acontecimiento — debido a su naturaleza camaleónica, engañosa y escurridiza — no sólo detuvo algunas titulaciones y otros procesos académicos del grupo, sino que también terminó siendo el detonante de situaciones que propiciaron la deserción definitiva de muchos de nuestros compañeros, así como el lamentable suicidio de amigos profundamente entrañables; lo que nos obligó a cuestionar con severidad el significado que tenía para nosotros el ser universitarios y querer dedicarnos a la investigación filosófica.


Sí, la «huelga del ’99» nos puso en una situación límite entre el “dejar hacer” y el “hacer como que dejas”. Y el resultado, evidentemente, no pudo ser otro más que la decepción frente a la ambigüedad universitaria. Era como sentirse parte de un gran vacío. ¿En dónde había quedado la Universidad? ¿En dónde habían quedado sus líderes, sus investigadores, sus estudiantes, sus “grandes eminencias”? ¿En dónde habían quedado nuestros proyectos, nuestras esperanzas, nuestras convicciones? ¿En dónde habíamos quedado nosotros mismos después de descubrir nuestra impotencia más absoluta frente a un conjunto de decisiones y razones absurdas e infundadas, sobre las cuales, además, siempre supimos que sólo eran parte de un “gran engaño”, de un simulacro político mediante el cual se querían imponer todo tipo de absurdos, para dar paso a la emergencia de nuevas formas de dominación o sujeción universitaria? Siempre tuvimos claro que la fuerzas encontradas en aquel proceso sólo querían hallar una manera de saltar al escenario político para recrear una lucha más a favor del absurdo; siempre supimos que se trataba solamente de un espectáculo del poder reticular que suelen generar las relaciones de dominación en México; sin embargo, aun sabiendo esto, nos permitimos el lujo de ser cómplices pasivos de un simulacro que nos afectó profunda e irreversiblemente.


Afortunadamente para el CEGE, al levantarse la huelga, llegaron nuevas generaciones y, junto con ellas, nuevas ideas, nuevas necesidades, nuevos ímpetus, y con base en ellas las actividades del Seminario pudieron resurgir con mayor fuerza y claridad que nunca.


Simultáneamente, algunos de nuestros miembros decidieron emprender un proyecto de recreación de la vida académica en la Facultad de Filosofía y Letras, es decir, la vida universitaria que hubiesen querido ver en acción en los momentos de crisis, y fundaron el Grupo Estudiantil Doxonema . Y aunque las actividades de este proyecto siempre se han mantenido separadas de las actividades del CEGE, es indudable que existe una comunión fundamental en cuanto al espíritu y los objetivos que dirigen a ambos proyectos. Muestra de ello, es la natural transición que algunos de nuestros miembros tuvieron, primero del Seminario a Doxonema y, más tarde, de Doxonema al CEGE. Ambos grupos se han nutrido y crecido intercambiando relaciones y energías. Todo ello, además, ha sido posible solamente con base en la comunión de nuestros objetivos; sobre todo en lo que se refiere al querer buscar alternativas para recrear constantemente nuestra reflexión filosófica y olvidarnos así de la vieja polémica acerca de si lo que hacemos en México y América Latina merece o no el honorable título de “Filosofía”. Nuestra actitud, en cambio, ha sido sentarnos a trabajar, haciendo lo que nosotros entendemos por filosofía, sin importar si esto rompe con ciertos cá nones, si resulta incómodo para ciertas tradiciones, si levanta la polvareda de la crítica o si permanece como un proyecto callado y sin resonancia.


Al formar nuestro grupo, nuestra pequeña comunidad de investigación , estábamos rompiendo con la ancestral práctica de hacer filosofía en soledad. Aunque somos conscientes de que, en última instancia, el trabajo filosófico es un quehacer solitario, no obstante estar persiguiendo un objetivo común y estar unidos en un mismo espíritu, en un mismo compromiso, lo verdaderamente importante es que generamos una situación valiosísima y preciada que “ desgarra el velo de Maya”, y suprime momentáneamente nuestra individualidad, permitiéndonos darle unidad estética a la existencia —como diría Nietzsche.


El proyecto, finalmente, se consolidó con la colaboración de todo el grupo. Y a partir de entonces ha habido avances significativos en la investigación. También se consolidaron algunos procesos de titulación y se siguen preparando Tesis con un enfoque genealógico. Hemos tenido nuestras primeras presentaciones públicas, tanto colectivas como individuales. Y durante nuestro primer evento, titulado Primer Encuentro Violencia, Encierro y Subjetividad, nuestro grupo y proyectos por fin adquirieron un nombre: Centro de Estudios Interdisciplinarios Michel Foucault. Pero posteriormente, y para no circunscribir nuestra metodología al filósofo francés, sino abrirla a muchos otros, se optó por el nombre de Centro de Estudios Genealógicos; el cual hemos tratado de difundir desde junio de 2003.


No sabemos cuál sea el destino del Centro, pero apostamos a la rápida cristalización y consolidación de nuestros planes. No obstante, con toda sinceridad podemos afirmar que, independientemente del futuro, el Centro ha logrado sus objetivos satisfactoriamente hasta hoy. El proceso vivido ha sido ya, desde un punto de vista hegeliano, un desarrollo placentero, gracias al cual mucho más de lo que podíamos imaginar se ha logrado.